Jordi Casamitjana, el zoólogo que aseguró la protección legal de los veganos en el Reino Unido, discute el concepto de «Huella de Sangre» como una nueva forma más clara de explicar lo que hacen los veganos éticos.

¿Quién no ha visto el videoclip del presentador británico Pierce Morgan despotricando contra los veganos en su antiguo programa de televisión matutino diciendo lo siguiente? “A los veganos no les importan los pequeños, las miles de millones de abejas que mueren cada año (…) las miles de millones de esas pequeñas criaturas que se matan cada año para que estos veganos y vegetarianos puedan tener sus aguacates y almendras, trasportados en jets”. ¿Te imaginas que él arremetiera con una diatriba similar contra los médicos por no preocuparse lo suficiente de sus pacientes que no les curaron en la primera cita médica? ¿Te lo imaginas a él echando humo contra los bomberos por permitir que los incendios destruyan un edificio o que el humo se propague por la ciudad después de que fueron alertados de un fuego?

¿Por qué alguien que trata de salvar vidas humanas y propiedades de gente puede hacer lo que pueda dentro de su posibilidad y capacidad, pero se espera que alguien que trata de salvar todas las vidas humanas y no humanas de animales (claramente una tarea más difícil) los salve a todos, y se le acusa de hipócrita si no lo logra inmediatamente? La respuesta está en un malentendido sobre que es ser un vegano ético.

Definir el «veganismo ético» es una parte importante de mi libro “Vegano ético. Un viaje personal y político para cambiar el mundo.” Tiene un capítulo entero donde exploro en detalle la definición de veganismo de la Vegan Society, los conceptos de «ser sintiente» y «especismo», y cómo el medio ambiente siempre ha sido una parte importante de la creencia filosófica vegana. Los veganos éticos, a diferencia de los veganos dietéticos que solo aplican el veganismo en su dieta, intentan excluir, en la medida de lo posible y práctico, todas las formas de explotación y crueldad hacia los animales. Por lo tanto, diferentes veganos pueden lograr varios niveles de éxito en intentar evitar la explotación animal, ya que diferentes circunstancias determinarán lo que es posible y práctico para ellos.

Los veganos éticos no son «absolutistas» que pretenden que ya han alcanzado la «iluminación» de una vida libre de crueldad, como Pierce Morgan parece pensar que decimos ser. En un mundo carnista, es bastante difícil evitar por completo la explotación animal, como también es difícil curar a todas las personas enfermas de inmediato y extinguir todos los incendios al instante. La voluntad de hacerlo sin excluir a ningún animal o tipo de explotación, y el esfuerzo puesto en ello, es lo que cuenta. 

El concepto de «huella de sangre» 

En otros capítulos de mi libro, cuando discuto los tipos de vegetarianos y veganos que hay, propongo un nuevo concepto que podría ayudar a comprender mejor quienes son los veganos éticos: «Huella de Sangre». Al discutir el efecto sobre el calentamiento global y el cambio climático, todos están familiarizados con el término «Huella de Carbono» (las emisiones totales de gases de efecto invernadero, expresadas como un equivalente de dióxido de carbono). Propongo usar un concepto similar para el veganismo. Así es como lo defino:  

“Huellade Sangre (HS):  La cantidad total de sufrimiento causado a otros seres sintientes por un individuo, evento, organización o producto”.

De momento, este es, por supuesto, un concepto teórico, ya que no podemos medir el sufrimiento con precisión. Pero si trabajamos en ello, podríamos idear un método acordado para cuantificarlo    aproximada y relativamente. Sin embargo, es un concepto útil para ayudarnos a entender lo que los veganos éticos intentamos hacer: reducir nuestra huella de sangre, como podamos.

Los veganos éticos son personas que tratan de minimizar como sea posible su huella de sangre con las elecciones que hacen en su vida cotidiana, sabiendo que a veces pueden ser exitosas (por ejemplo, con sus elecciones de alimentos y ropa, ya que el etiquetado ayudará a conocer la conexión con el sufrimiento animal), y a veces no (como con productos financieros, tratamiento médico, o transporte). En mi libro escribí:

Así como no criticamos a las empresas con «credenciales verdes» por no haber logrado una huella de carbono cero absoluta, no deberíamos tildar a los veganos éticos de «hipócritas» cuando resulta que algunos insectos fueron aplastados durante la cosecha de las verduras en su plato, o lo pagaron usando una tarjeta de crédito de un banco que invierte en la producción de lana.”

Cada vez que necesitamos algo, si hay varias alternativas disponibles para nosotros, una será la más vegana, incluso si no está completamente desconectada de la explotación animal. Descubrirla es la habilidad que los veganos éticos desarrollan con tiempo, mejorando con la ayuda de otros veganos que comparten información sobre tales opciones.

Por ejemplo, cuando un antiguo empleador mío me inscribió automáticamente en un fondo de pensiones que descubrí estaba invirtiendo en empresas farmacéuticas que realizan pruebas con animales, me quejé porque sabía que había fondos disponibles etiquetados como «éticos» que no hacen eso. Y cuando me despidieron después que yo informé a mis colegas sobre tales alternativas, llevé a mi antiguo empleador al Tribunal de Trabajo. Logré ganar esta querella, y afortunadamente, durante este proceso, también logré obtener el reconocimiento oficial del «veganismo ético» como una creencia filosófica protegida bajo la Ley de Igualdad de 2010 del Reino Unido, para que el mundo ahora pueda aprender que dicha filosofía es seria, convincente, coherente e importante.

Los veganofóbicos y los negacionistas veganos se quejaron de esta histórica victoria legal, pero nadie se quejó cuando varios años atrás un ambientalista obtuvo la misma protección por la creencia en el calentamiento global causado por humanos. Puede que esto ocurrió debido a que la gente entendió lo que significa tratar de reducir la huella de carbono. Tal vez ahora podamos usar el concepto de huella de sangre para que puedan entender de qué vamos, y comenzar a deshacerse de su negación, miedo y odio.

La COP27 también debería estar discutiendo la huella de sangre

Mientras los líderes mundiales se reúnen en Glasgow durante la 26ª Conferencia de las Partes de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (COP26) para discutir cómo detener el catastrófico cambio climático que estamos infligiendo a nuestro planeta, un tema ha sido subestimado: la agricultura animal.

La obvia e ignorada «vaca en el cuarto» es el hecho abrumador de que la agricultura animal, con sus enormes emisiones de CO2, y especialmente con sus emisiones más peligrosas de metano, es una de las principales causas del calentamiento global. El porcentaje mínimo de tal  impacto aceptado por la mayoría es el 18% de todas las emisionesde gases de efecto invernadero de la humanidad, pero estudios recientes han sugeridoque podría ser tan alto como el 87%. Muchos científicos han estado  destacando esta importante omisión, pero como el CO2 se ha vuelto mucho más popular que el CH4 (metano), los líderes políticos parecen estar solo interesados en automóviles y centrales eléctricas.

Sin embargo, al igual que la obsesión con el CO2 está evitando que mucha gente perciba los elementos esenciales para la solución del problema, creo que la obsesión con el carbono por sí solo también hace que la mayoría de la gente no vea otro componente clave: la explotación animal y el sufrimiento que causa. Aquellos que desprecian la Naturaleza y tratan de explotarla inescrupulosamente como puedan con fines de lucro, son los mismos que tienen esta actitud irresponsable y violenta contra los animales y el medio ambiente. Para resolver este problema, necesitamos cambiar esta actitud destructiva, no solo cambiar donde canalizarla. Y ahí es cuando el concepto de huella de sangre puede ayudar.

Si medimos cuánto dañamos a otros seres sintientes y buscamos minimizar dicho daño consumiendo los productos y servicios de los proveedores que menos dañan, podremos reducir nuestro impacto negativo no solo en otros seres sintientes sino también en el planeta. Llegaremos al meollo del problema: el daño.

Tratar de minimizar las huellas de sangre también ayudará a minimizar las huellas de carbono. Esto se debe a que la opción de huella de carbono más baja en cualquier situación probablemente también será la opción que elegirán los veganos éticos (ya que la producción de alimentos y fibras veganas tiene una huella de carbono mucho menor que sus alternativas de origen animal).

Tal vez en la COP27, la próxima vez que políticos y expertos se reúnan para discutir cómo resolver la crisis climática, tanto la agricultura animal como la huella de sangre estarán en un lugar destacado enla mesa dediscusión. Y si no en esa conferencia, en la siguiente. Sin embargo, hasta que no abordemos el tema central del problema, es posible que no lleguemos muy lejos.

En el mundo vegano en el que todos soñamos, todo esto se resolverá, y por lo tanto los veganos éticos que actualmente lo están construyendo deberían ser respetados, escuchados y tomados en serio. Pero como ya sabemos, eso a menudo no sucede, y debemos encontrar formas de superar esta barrera de comunicación.  

Si eres un vegano ético y alguna vez te encuentras tratando de explicar el por qué tomas las decisiones que tomas, intenta usar el concepto de huella de sangre para ver si ayuda. Después de todo, si queremos ser respetados, debemos explorar nuevas formas de comunicación para demostrar que solo somos personas normales que intentan hacer todo lo posible para no dañar a nadie ni a nada, en un mundo que está configurado para que fracasemos.

Si no siempre somos totalmente exitosos, no debemos ser odiados por ello. Así de simple.

“Originally from Catalonia, but resident in the UK for several decades, Jordi is a vegan zoologist and author, who has been involved in different aspects of animal protection for many years. In addition to scientific research, he has worked mostly as an undercover investigator, animal welfare consultant, and animal protection campaigner. He has been an ethical vegan since 2002, and in 2020 he secured the legal protection of all ethical vegans in Great Britain from discrimination in a landmark employment tribunal case that was discussed all over the world. He is also the author of the book, ‘Ethical Vegan: a personal and political journey to change the world’.