Tenemos que hablar.

En primer lugar, quiero darte las gracias. Aplaudo tu decisión de avanzar hacia una dieta más compasiva, y creo que es genial que hayas decidido rechazar la carne. Tu compromiso con el vegetarianismo demuestra que puedes manejar bien la presión de tus compañeros y que sabes cómo decir “no” cuando lo necesitas. Elegir la ética por encima de la conveniencia es una virtud poco común en estos días, así que te felicito por ello. Sin embargo, hay algunos asuntos que debemos abordar, y espero que te tomes el tiempo para reflexionar sobre ellos.

Probablemente puedas adivinar de lo que estoy hablando. Lo entiendo, prefieres no discutirlo en este momento, pero no puedes seguir escondiéndolo debajo de la alfombra. Créeme, cuanto más tiempo lo evites, más difícil será.

Si has sido una persona vegetariana durante mucho tiempo, probablemente hayas encontrado un lugar cómodo en tu estilo de vida donde puedes descansar en paz acurrucada lejos de esas imágenes y pensamientos que te hicieron dejar de comer carne en primer lugar. O tal vez simplemente seguiste lo que tus escrituras religiosas decían que era la forma correcta de comer. Tal vez tu elección fue inicialmente desconectada de la ética, y tuvo algo que ver con la salud, o con lo que tus padres te dieron de comer. 

De cualquier manera, es hora de que mires esa elección con otros ojos, los que la experiencia ha ido esculpiendo en tu rostro a lo largo de los años.

Tú y yo tenemos muchas cosas en común. Desde algunas perspectivas, técnicamente yo soy uno de vosotros. También trato de ser una persona compasiva como tú. Y también prefiero comer alimentos saludables y rechazar cualquier plato hecho con la carne de alguien, sazonado con hormonas, antibióticos, carcinógenos y lágrimas. 

Durante muchos años, el queso fue mi comida favorita en todo el mundo. Tan cremoso, tan aromático, tan cálido. Tan conveniente, tan versátil, lleno de carácter. Cuando mis amigos viajaban a algún lugar, siempre les pedía que me trajeran algún queso exótico. No me cansaba de ellos. ¡Y también me encantaron las tortillas! Hechas con patatas, calabacines o espinacas, eran una de las comidas más comunes que comía cuando era niño (de hecho, ¡las tortillas fueron los primeros platos que aprendí a cocinar!). Ah, y no debemos olvidarnos de esos fabulosos postres. De donde vengo, mi favorito era el “mel i mató“, hecho de miel y cuajada de leche (delicioso, te lo digo). La comida vegetariana tiene una cualidad reconfortante y hogareña, casi como el abrazo de una madre, ¿no estás de acuerdo?

Pero, creo que ya sabes, también hay algo muy siniestro en la comida vegetariana. Algo que mucha gente no quiere saber, especialmente las personas vegetarianas a largo plazo bien afincadas en sus hábitos. Antes de escoger mi dieta, más o menos lo sabía, pero no quería reconocer que lo sabía. 

No quería aceptar que lo había bloqueado de mi mente. Sabía que la leche solo proviene de los pechos de las hembras que han dado a luz, pero no quería saber qué significaba esto para una vaca y su ternero secuestrado, o que ambos son matados cuando aún son jóvenes. 

Sabía que los huevos solo provienen de gallinas ponedoras, pero no quería saber qué significaba esto para los polluelos machos nacidos en la industria del huevo condenados a morir (se los mata poco después de la eclosión), o que las gallinas viven una vida horrible en granjas industriales. 

Sabía que la miel la hacían las abejas, pero no quería saber cómo reaccionarían cuando el apicultor se la robara, y que muchas morirían en la apicultura. 

Más o menos lo sabía, pero no quería saber que lo sabía, si sabes a lo que me refiero. No quería aceptar que, en efecto, la leche, los huevos y la miel son «carne líquida», simple y llanamente. 

¿Alguna vez te has preguntado por qué las personas vegetarianas lo hacen? ¿Por qué bloquean toda esta información crítica de sus mentes cuando están lamiendo un helado de chocolate, chupando un caramelo de miel o devorando un huevo revuelto con queso? Pues porque, como en el caso de los fumadoras, todas fueron víctimas de una industria que explota una debilidad humana útil para reclutar clientes: la adicción 

Yo era muy adicto al queso, y a menos que seas una persona ovo-vegetariana, lo más probable es que tú también lo seas. Lo más probable es que seas una persona adicta, como yo, y tu droga principal sea la caseína. Como ya sabrás, se trata de una proteína que se encuentra en la leche y que le da su color blanco. 

Sin embargo, tal vez no sepas que es responsable de otra cosa. Provoca adicción en las crías de mamíferos de cualquier especie, haciéndoles que busquen a su madre para poderse amamantar regularmente. Es una molécula que evolucionó para garantizar que los mamíferos bebés, que a menudo pueden caminar poco después del nacimiento, permanezcan cerca de sus madres siempre buscando su leche (cualquier madre que haya destetado a sus hijos o hijas sabe lo fuerte que es esa atracción).

Pero, ¿qué sucede si los humanos no son destetados de la leche? ¿Qué pasa si sigues alimentando a los humanos con leche en su edad adulta, de otra especie, y ahora concentrada en forma de queso, yogur o nata, con dosis más altas de caseína concentrada? Pues haces adictos a los lácteos, eso es lo que pasa.

Y creo que la adicción a los lácteos lleva al resto. Una vez que eres una persona adicta a los lácteos, creo que es fácil comenzar a consumir el resto de la carne líquida. Si tu adicción te hizo racionalizar la explotación de las vacas, de otro mamífero como tú, ¿qué te impide explotar a las aves de la misma manera? Y si te permites explotar a las aves, ¿qué te impide explotar a los insectos? 

En última instancia, creo que es probable que tu adicción a la caseína te hiciera aceptar la explotación de los animales para obtener leche, huevos o miel y te «convenciera» de que no tenías más remedio que consumir productos derivados de ellos. 

No debes culparte por volverte adicto, ya que, como yo, estuviste expuesto a cantidades sustanciales de caseína desde una edad temprana y creciste en una sociedad donde la explotación animal es común y aceptada. En estas circunstancias, es comprensible que consideres tu dieta vegetariana como la mejor opción para ti y que no puedas mejorarla. 

Pero sí puedes. Al igual que con todas las adicciones, puedes deshacerte de ella. Puedes estar «sobrio», puedes liberarte. Mi adicción al queso estaba nublando mi juicio, pero me deshice de ella hace más de veinte años. Tú y yo tenemos muchas cosas en común, pero hay una gran brecha que nos separa. A diferencia de ti, yo me hice vegano en lugar de vegetariano, y ya no apoyo la explotación de vacas, cabras, gallinas, patos o abejas. Solo me tomó un mes, más o menos, de abstinencia láctea para deshacerme de mi adicción a la caseína (por lo que no fue tan difícil como pensé que sería) y ahora mi dieta está dictada únicamente por mí, no por ninguna industria poco ética. 

También debes saber que es más saludable, ¿verdad? Sabes que el colesterol alto en los huevos, la leche y el queso no es bueno para ti, ¿verdad? Sabes que también es mejor para el medio ambiente, ya que la industria láctea es una de las industrias más contaminantes y dañinas para el planeta. También debes saber que evitar los productos de origen animal no está en contra de ninguna religión. Sabes que lo que las escrituras religiosas que estés siguiendo dicen que no debes comer es lo mínimo que debes evitar, no lo máximo. Y estoy seguro de que sabes que, en la segunda década del siglo XXI, puedes conseguir cualquier versión sin animales de cualquier plato vegetariano que desees (en la mayoría de los casos, no podrías notar la diferencia en términos de sabor y textura).

Tú también puedes convertirte en una persona vegana. Es más fácil de lo que crees. Quizás te lo hayas planteado antes, pero algo te paró, así que si quieres ayuda para hacer ese salto, puedes probar esto:

Encuentra un lugar cómodo para estar, sin distracciones. Una vez allí, recuerda cuando decidiste dejar de comer carne. Regresa a ese momento. Nunca debes olvidarlo, fue un momento importante en tu vida, así que cierra los ojos y trata de recordarlo. Trata de recordar los argumentos que usaste para tomar esa decisión y los miedos que tuviste. Recrea el proceso mental por el que pasaste, revívelo, por así decirlo. 

Luego, cuando tu mente esté completamente ocupada en ese momento, haz esto: pregúntate cuál sería tu elección si ese momento importante hubiera sucedido hoy, en lugar de entonces. Pregúntate qué dieta elegirías si tuvieras que decidir hoy, con todo lo que ahora sabes. No te apegues demasiado a los hábitos alimenticios que has creado desde entonces, todos pueden ser fácilmente reemplazados y convertirse en tu nueva zona de confort. Date crédito por lo que puedes lograr, porque recuerda, ya lograste algo similar en el pasado. 

Dado tu conocimiento actual del mundo y de la persona en la que te convertiste, reconsidera esa importante decisión y ve si puedes mejorarla (que es algo que hago todos los años, por cierto, y siempre llego a la conclusión de que puedo mejorar). 

Hazlo hoy, si puedes. Usa esta carta como un desafío, si te ayuda. Como persona ética que eres, sabes que, tarde o temprano, deberás darle la cara a este tema, así que ¿por qué no ahora mismo?

Es hora de dar el paso que probablemente ya querías haber dado desde hace tiempo. Sé que no eres una de esas personas vegetarianas obstinadas, cerradas de mente y anticuadas, porque si lo fueras no habrías llegado tan lejos en esta larga carta. Puedes hacerlo. Muchos de nosotros lo hemos hecho. Debería ser más fácil para ti, ya que ya sabes cómo tomar medidas para dejar de comer alimentos poco éticos. 

Solo necesitas tomar unos pocos más, hasta que finalmente estés libre. 

Este es el momento.

Mucha suerte

Jordi Casamitjana

Jordi Casamitjana
“Originally from Catalonia, but resident in the UK for several decades, Jordi is a vegan zoologist and author, who has been involved in different aspects of animal protection for many years. In addition to scientific research, he has worked mostly as an undercover investigator, animal welfare consultant, and animal protection campaigner. He has been an ethical vegan since 2002, and in 2020 he secured the legal protection of all ethical vegans in Great Britain from discrimination in a landmark employment tribunal case that was discussed all over the world. He is also the author of the book, ‘Ethical Vegan: a personal and political journey to change the world’.