En la Patagonia Argentina, ganaderos persiguen a pumas y otros depredadores naturales, incluso en áreas protegidas, exponiendo los cadáveres de los que han matado colgándolos en los alambrados de las estancias en sitios de alta exposición pública, casi como un acto de sadismo a los ojos de cualquier visitante de fuera. Tales cadáveres de zorros y pumas son objetos de prestigio para algunos granjeros del sur de Argentina.

A pesar de que la legislación nacional Argentina establece que todos los habitantes deben proteger la fauna silvestre, también da autonomía a las provincias para regular estas poblaciones, y muchas han creado regulaciones provinciales para el “control de especies predadoras de la ganadería”, donde se establece que son los propietarios de los campos los que tienen la obligación de controlar las especies “plaga” (como los casos de zorros y pumas que reciben injustamente esta etiqueta por simplemente intentar sobrevivir en su territorio natural).   

Tradicionalmente, este papel de controlador de pumas le tocaba a los “leoneros”, que aún existen, y que usan perros para rastrear a los pumas y matarlos. O bien colocan trampas en las zonas donde los perros detectan el olor de puma, o el leonero los disparan si los encuentran.

En las áreas protegidas de Chubut cada vez hay más trampas, y otras formas de persecución de pumas, zorros y gatos monteses han aumentado. Muchas de las áreas protegidas no implementan planes de manejo ni gestiones de mitigación que contemplen este problema. En el Área Natural Protegida Península Valdés, que es un sitio Patrimonio de la Humanidad de la UNESCO y una Reserva de Biósfera, se sigue persiguiendo a depredadores naturales.

En algunos lugares, el uso de perros guardianes de ganado, entrenados no para acorralar y matar sino para proteger a las ovejas mediante procedimientos de disuasión, son una alternativa al control letal. Pero, desafortunadamente, matar a los pumas es la opción más escogida por la mayoría de los ganaderos y pastores, que aun consideran a los “leoneros” como profesionales indispensables.  

“Originally from Catalonia, but resident in the UK for several decades, Jordi is a vegan zoologist and author, who has been involved in different aspects of animal protection for many years. In addition to scientific research, he has worked mostly as an undercover investigator, animal welfare consultant, and animal protection campaigner. He has been an ethical vegan since 2002, and in 2020 he secured the legal protection of all ethical vegans in Great Britain from discrimination in a landmark employment tribunal case that was discussed all over the world. He is also the author of the book, ‘Ethical Vegan: a personal and political journey to change the world’.